Alejandro Calvo: «En la gestión de una explotación hay que pensar también en cómo maximizar la PAC»

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El campo asturiano pasa por uno de los momentos de más conflictividad en los últimos años. El incremento de los costes de producción, la escasa rentabilidad de las explotaciones por los precios a los que venden sus productos y la inclusión del lobo en el LESPRE son algunos de los problemas que provocan malestar en el sector, que ha salido a la calle a manifestar la difícil situación que atraviesa y el futuro incierto que les espera. Rebasado el ecuador de la actual legislatura, entrevistamos a Alejandro Calvo para conocer cómo se afrontan estos problemas desde la Administración y los retos de futuro.

-¿Qué valoración hace sobre la gestión de la Consejería en estos dos años y medio?

-Ha habido un cambio en la dinámica de la relación del Gobierno y la Consejería hacia la gente de los pueblos con una discriminación positiva del medio rural y de las alas. No hemos logrado la desburocratización, pero sí hemos dado los pasos que se materializan en las convocatorias y que lo van a permitir. Todos los objetivos van a ir centrados en el desarrollo de los ganaderos, emprendedores y agricultores y que los procesos administrativos sean lo más cómodos posibles. En 2022 se notará un cambio significativo.

-¿Cómo han asumido la incorporación de responsabilidades en infraestructuras?

-Es una oportunidad que empieza a dar sus frutos. El encargo del Presidente fue utilizar la inversión en infraestructuras como un elemento de cohesión territorial. Establecemos una planificación hacia los próximos diez años. Sabíamos que teníamos mucho que hacer en el medio rural y las alas, tenemos que colaborar más con los ayuntamientos porque algunos, por sí solos, no llegan.

-Hay mucha incertidumbre ante la nueva PAC. ¿Cómo afectará a la gestión de las ganaderías?

-El Ministerio de Agricultura está haciendo bien su trabajo, que es desarrollar normativa sectorial para proteger a la ganadería y la agricultura de la llegada de otro tipo de normativas alejadas de la realidad del sector. Pienso en las visiones sobre bienestar animal que tienen poco que ver con la realidad de un sector que está hecho para producir alimentos. Hay unas condiciones que nuestras explotaciones tienen muy asumidas y que, a veces, generan problemas, como la gestión de residuos. Esa base de funcionamiento que supondrá el decreto de granjas, nos tiene que permitir avanzar en la PAC. Quien esté en ese margen no va a tener ninguna dificultad de cumplimiento, tanto de las condiciones básicas, como de los ecoesquemas. La PAC en Asturias supone más del 30% de la renta, requiere una cierta profesionalización en la gestión. Que la gente sepa que, cuando va a administrar su explotación, también va a tener que pensar en cómo maximizar la PAC que reciba en función del trabajo que hace. La cornisa cantábrica con la nueva PAC funciona como una región, que preserva el volumen global de los recursos de los que disponíamos y de las ayudas del primer pilar, donde el 70% llega directamente, el 30% restante, que son los ecoesquemas, sean de fácil cumplimiento. Los ecoesquemas son más difíciles de explicar que de cumplir, deben adaptarse a nuestra realidad, y no afectar al manejo

-La producción ecológica es otro tema importante dentro de la nueva PAC.

-Me gusta hablar de alimentación sostenible. La agricultura y ganadería ecológicas tienen que dejar de ser algo alternativo para ser realmente comerciales. Tenemos que trabajar en producir de una manera que sea atractiva para los consumidores pero anclándonos en nuestros valores. En la ganadería, parece claro que tenemos que seguir ampliando la base de producción ecológica. Todo lo que se asocia a sostenibilidad y bajo impacto tiene un valor directo. Sabemos que la leche líquida tiene más dificultades. Hay que orientar esas leches ecológicas de mayor calidad, a que se procesen y sean la base de producción para nuestros quesos. La actividad agrícola aunque sea muy pequeñita, es muy importante para el futuro del sector primario en la región. El objetivo es lograr que el estándar de producción en Asturias sea el ecológico. Los valores de una producción ecológica y sostenible deben asociarse con los valores de Asturias Paraíso Natural. No solo se trata de producir bien, sino de hacer producciones orientadas al mercado y aumentar su comercialización.

-Creó mucha polémica su comentario en redes sociales sobre la diversificación.

-Estábamos hablando de las macrogranjas, y aquí no las tenemos. Hablamos del modelo de producción de las explotaciones. El sector lácteo está muy profesionalizado y la dimensión y rentabilidad de la explotación es lo que hace que esa familia pueda vivir. En el sector de la carne, hay una diversidad de gente que, teniendo ganado, tiene una dependencia parcial o total de la renta que obtiene de la explotación. Habría que ver, de la gente que tiene ganado en Asturias, cuántos lo son a título principal porque igual nos llevamos alguna sorpresa.

-¿Sería necesario diferenciar a los ganaderos profesionales?

-Quien quiera ser ganadero y tener una dimensión de una explotación con una rentabilidad suficiente, tiene que tener ganado, una base territorial y apoyo para que lo haga. Esto no quiere decir que pueda haber otras muchas fórmulas de ganadería con pequeñas explotaciones o complementarias. El futuro del medio rural en Asturias no es excluyente. La multiactividad es fundamental. Tenemos que pensar qué es lo que queremos que el medio rural sea en el futuro, que produzca alimentos. Nuestro medio rural es un elemento cultural e identitario, es nuestra esencia y no podemos renunciar a ello. Me preocupa mucho el discurso excluyente que se puede generar en el medio rural porque necesitamos gente nueva.

-En las zonas de costa, el turismo genera problemas con la ganadería.

-No tenemos que dejar que los conflictos se relacionen a medida que van sucediendo, sino que tenemos que planificar. Estamos abordando una ordenación integral del territorio y viendo conflictos donde los distintos usos del territorio están compitiendo en lugar de complementarse. Si tengo una ganadería que genera purines y los turistas que vienen no entienden ni siquiera dónde están, ahí tenemos un conflicto. Lo que hay que hacer es gestionarlo y hacer que ambas actividades sean compatibles. Que el ganadero no se sienta amenazado, sino que vea que la gente que viene genera riqueza en su municipio. Los turistas son nuestra exportación alimentaria. Todas las producciones que tenemos que no llegan a los canales de exportación, cuando tenemos turistas que los consumen aquí, están generando un consumo que es asimilable a eso.

 -En cuanto al LESPRE, defendemos una ganadería familiar y extensiva, luego protegemos al lobo.

-Parece que esto es una cuestión de militancia, pero nosotros estamos defendiendo nuestro modelo de producción, que también lo es de gestión y nuestra forma de habitar el territorio. Quien vive en una contradicción es quien ha generado esta legislación con un error claro de fondo. No hay un sustento para la decisión que se toma si se analiza la realidad de las cuatro comunidades autónomas que tenemos lobo. Se toma una decisión en base a una presión para que se armonizase a nivel europeo y eso se ha convertido en un eslogan. Era un objetivo de una parte del ecologismo, al que todo el mundo se suma por su carácter simbólico, sin analizar qué es lo que lleva de fondo. Luego vemos a esa misma gente defendiendo a la ganadería extensiva como modelo, seguramente, con muy poca visión de lo que supone el sistema alimentario. En Asturias, defendemos nuestra autonomía y posición, incluso, frente a un Gobierno de nuestro mismo partido político. Tal es así, que lo hemos judicializado. Esto no es un debate político, sino que tenemos elementos sólidos, tanto jurídicos como científicos, para defender nuestra posición.

-La reciella se está viendo mermada por los ataques del lobo.

-La gente piensa que la catalogación del lobo va a suponer un gran incremento en los daños, pero el efecto más evidente ha sido la eliminación de prácticas tradicionales como la reciella en muchas zonas. Es la mayor preocupación que tenemos y, en los últimos dos años, hemos hecho trabajos muy concretos de prevención y de facilitar materiales para los cercados. Lo que sucede es que todo este trabajo, sin un margen de gestión de la especie, genera rechazo entre los propios ganaderos porque lo ven como un parche. Tenemos que darles medios e infraestructuras para ir a un manejo que permita que los daños se minimicen y tenemos que favorecer que tengan más zonas de pastoreo.

-¿Cómo atajar los incendios?

-Tenemos una situación en la que nos interesa que el monte sea productivo en primer lugar. Lo que es rentable no quema nunca y tenemos buenos ejemplos de ello. Lo que me niego es a que haya una asociación directa de los incendios con los ganaderos, porque la absoluta mayoría de ellos lo que quieren es rentabilizar su trabajo. El sistema que tenemos de prevención es garantista, los ayuntamientos desbrozan sus pistas y redes de caminos, que tienen una utilidad muy importante tanto para su uso, como para cuando hay que hacer una labor de extinción. Estamos hablando de cuatro millones de euros al año, donde se incluyen planes de prevención, desbroces de montes y caminos o fajas auxiliares.

-Con la constitución de las mesas de la carne y de la leche, ¿qué se va a solucionar?

-Hay un desconocimiento profundo por parte de la sociedad de cómo el medio rural sirve y produce alimentos. El debate en Asturias es de qué manera apoyamos a nuestro modelo de producción, basado en explotaciones familiares que tienen una base territorial, pero que tienen limitaciones de competitividad si pensamos solo en precio y rentabilidad pura, pero que suponen un modelo sostenible. Nuestro modelo es diferente y tenemos que apoyar a esas pequeñas y medianas explotaciones para que haya redistribución de fondos y para que aquellas producciones que son más sostenibles dispongan de más recursos. Eso es lo que hemos hecho en estos dos años, que se va a seguir materializando de forma estructural con ese incremento de más de 14 millones en ayudas directas. Supone un incremento de casi un 20% respecto a las ayudas que se recibían antes de cambiar el PDR. Será la base sobre la que trabajaremos a partir de 2023 y posteriormente, en un marco de ayudas europeas, tenemos que ver qué oportunidades hay a través del Ministerio. Si queremos que haya agricultores y ganaderos en el medio rural y que su producción sea singular, necesitará un régimen fiscal específico y en eso también estamos trabajando. Luego, el vendedor final es el que tiene todo el poder en el sector. Eso se manifiesta cuando se incrementan los costes en origen y no hay manera de que eso llegue al final de la cadena. Esa es la oportunidad que nos ofrece la ley de cadena alimentaria. Hay cuestiones a corto plazo que son las que tienen que servir para poner freno a esta situación. Ahí están las negociaciones del Ministerio con el sector lácteo. Además, hay otras cuestiones de cómo nosotros, a través de estas mesas de trabajo, podemos paliar los efectos negativos. Desde el ganadero y el agricultor hasta los lineales de la tienda, todos formamos parte de lo mismo. También, una parte de la distribución tiene que ser nuestra aliada. Vamos a dar trazabilidad, todos los contratos tienen que ser por escrito y, cuando haya prácticas poco transparentes o ventas a pérdidas, se van a adaptar y a sancionar. Son procesos muy largos que no dan respuesta inmediata, pero que sí pueden ayudar a cambiar las reglas de juego para que la tendencia cambie a medio plazo.

-De la subida de ocho céntimos que se ha establecido para los precios de la leche, solo tres llegan a los ganaderos, ¿dónde se han quedado los cinco restantes?

-Para eso tiene que servir la ley de cadena. Esos acuerdos tienen que ser trazables a través de una ley de contratos que estará tutelada por la Administración y donde habrá mecanismos de resolución de conflictos para favorecer que el productor tenga dónde apoyarse porque, si no, no tiene ninguna capacidad negociadora. Tiene que haber precios mínimos porque, de no haberlos, va a haber empresas que apuesten a precio.

-En el Suroccidente se han dado una serie de circunstancias que han puesto de manifiesto las deficiencias en infraestructuras.

-Existe un déficit general en el mantenimiento de las carreteras en Asturias, sobre todo, en las alas, donde la red de carreteras es más amplia y dispersa. La Consejería ha mirado claramente hacia ahí. Se ha visto con la recuperación del proyecto del eje del Navia. Necesitamos infraestructuras dignas, pero hay que pensar de una manera estratégica. Las alas necesitan más recursos y este año el 90% de la inversión de la Consejería en infraestructuras está en las alas. Esto tiene que tener una continuidad para que siga creciendo. En el caso particular del suroccidente, necesitamos un trabajo estratégico de conexión con el resto del país, bien sea con el norte de León o con Lugo a través del eje La Espina-Ponferrada. La gente que vive en el suroccidente tiene toda la legitimidad para reclamar. En los próximos meses, no solo van a ver lo que se materializa, sino el trabajo técnico y de planificación que vamos a desarrollar de cara al futuro para el suroccidente, occidente en su conjunto y también para el oriente.

-¿Habrá elecciones en las cámaras agrarias? Es una de las reivindicaciones de las manifestaciones.

-Nuestra referencia para la representatividad de las organizaciones agrarias es la establecida a nivel nacional por el Ministerio de Agricultura y Pesca en su Consejo Agrario y que a día de hoy cuenta con UPA, ASAJA y COAG. Si otras organizaciones entran en el Consejo Nacional, también lo harán en nuestros órganos consultivos, y si hay ayudas, las habrá para todas las organizaciones que tengan esa representatividad. Lo que sí quiero dejar bien claro es que todas las organizaciones y asociaciones del sector primario en Asturias tienen abiertas las puertas para reunirse con nosotros, escuchar sus propuestas y trabajar de manera coordinada por nuestras  familias de agricultores y ganaderos.