Sergio Suárez: “Para incorporarse a una actividad nueva es necesaria formación y saber gestionar la profesión”

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El agricultor y presidente del Consejo Regulador de la IGP Faba Asturiana y Verdina Marca de Garantía relata para El Campo de Asturias la situación actual en la que se encuentra el cultivo de la faba asturiana. Además, Suárez aborda y profundiza en los aspectos que suscitan mayor preocupación dentro del sector de la agricultura, del campo y, en general, del entorno rural de Asturias, como la sequía, el escaso relevo generacional, las medidas para paliar las malas cosechas o la certificación de los productos agrícolas.

Hola Sergio, ¿en qué momento de la siembra se encuentra la faba actualmente?

-Estamos en el momento álgido, en el mes de mayo, en el que el 80/90% de las plantaciones quedan realizadas. Cabe destacar que este ha sido el mayo más lluvioso desde que tenemos estadísticas y lo que teníamos sembrado lo está pasando muy mal. Actualmente, gran parte de las plantaciones están sin sembrar; algo que refleja que nunca vienen dos años iguales en este sector. En mayo del año pasado, estaba prácticamente toda la faba plantada con alguna excepción. Lo cierto es que nos acostumbramos a plantar pronto porque recogemos durante los meses de septiembre y octubre antes de que lleguen las aguas. La faba que tenemos plantada se ve perjudicada con tanta agua porque si no nace entre diez o quince días, se pudre y hay que volver a plantarla. Si no están los tutores puestos, tenemos suerte, pero si lo están, las máquinas dejan de funcionar y hay que hacerlo a mano. Por tanto, son más horas de trabajo y se producen mayores complicaciones.

-¿Se presenta complicado?

-La verdad es que a muchos agricultores que se incorporaron en 2021 y 2022, les tocaron años complicados, sobre todo, durante la cosecha pasada en la que tuvieron que hacer frente a una cosecha difícil. Al fin y al cabo, la faba IGP está cinco meses en campo y tener que esperar más de medio año por el producto es complicado y más aún, si se está empezando en el sector.

¿Hasta qué punto el factor meteorológico condiciona el producto?

-Nosotros dependemos 100% de la climatología, aunque es verdad que se puede jugar un poco cuando el agricultor es más profesional o maneja más cultivos como el caso de hacer diversificación con verdina, por ejemplo. Aun así, la plantación de la verdina es algo más flexible que la faba. Por ello, si los meses de siembra y recogida no son buenos, se estropea el año. En seis meses puedes pasar de tenerlo todo a nada; esto se complica, aún más, si se apuesta por un cultivo solamente.

¿Cuántos productores hay actualmente en IGP Faba Asturiana?

-El año pasado éramos 139 productores. No sé si este año, con las nuevas incorporaciones, la cifra habrá cambiado porque el acta de las bajas todavía no ha llegado. En definitiva, habrá entre 130 y 140. Es cierto que no hay relevo generacional y hay personas mayores inscritas que van cesando la actividad. Lo ideal sería que los jóvenes sustituyeran a esos agricultores que van dejando el sector.

¿Es el riego por goteo una solución a la sequía?

-En las reuniones con la Administración hablamos de los sistemas de riego, pero yo creo que hay que ser realistas. Al final, estamos en Asturias y no tenemos fincas de gran tamaño ni autorizaciones ni, mucho menos, estamos preparados con sondeos para sacar el riego. Vamos a usar el goteo en cultivos de tres o cinco meses, por lo que es complicado quitarlo más adelante. Además, estamos quitando costes de mano de obra y no tenemos extensiones ni superficie en lotes grandes. En conclusión, es cierto que se empezó a debatir el riego por goteo, pero hasta que llegue a hacerse realidad va a pasar un largo camino.

¿Qué diferencias hay entre la cosecha de la faba de hace 20 años y la actual?

-Esta pregunta está muy bien porque me hace retroceder, en mi caso, 21 años atrás. Cuando hacemos la formación, siempre me gusta explicar que antes todas las plantaciones se hacían a mano, recibiendo la ayuda de la familia, algo que ahora es casi impensable. Ahora los trabajos se han mecanizado. En cuanto a la recogida, hace 20 años se hacía vaina a vaina y ahora se hace en secaderos. Antes se usaban de secaderos las cuadras que iban dejando los vecinos que se jubilaban y actualmente, estamos envueltos en una vorágine de inversiones. Al fin y al cabo, cuando hablamos de subvenciones, el agricultor tiene que ser gestor de ese dinero porque, aunque te aseguren que es un fondo perdido, nunca es así. En definitiva, este dinero se debe destinar a la inversión de la actividad para no caer en los problemas que están sucediendo. Es cierto que esa cultura que había de hacerlo a mano, de tradición y de pasar muchas horas en la finca se ha perdido por la profesionalización. Al estar mucho tiempo en el cultivo, las enfermedades y las plagas se cogían en el momento y ahora, sin embargo, todo lo hacemos por reloj: en una fecha determinada se realiza un tratamiento y en otra, otro tratamiento distinto. Ha cambiado la forma de trabajar, pero también han cambiado muchos productos que antes utilizábamos y ahora no tenemos. Yo me recuerdo haciendo la siembra a mano y conseguir en torno a 2.200 y 2.300 kilos brutos por hectárea y en las últimas cosechas, en cambio, no estamos llegando. Con esto, no quiero decir que la mecanización sea mala, sino que es el conjunto de muchos factores el que origina este tipo de situaciones.

¿Cuál es el presente de los agricultores y cómo se presenta el futuro?

-Hay que reconocer que estamos en un momento difícil porque este 2024 ha sido uno de los años más lluviosos que recordamos. Además, actualmente hay poco grano; es importante recordar que el año pasado, por estas fechas, llevábamos más de 100 toneladas certificadas y este año llevamos en torno a 75. Por otro lado, si después de la siembra, tenemos que utilizar este grano para volver a sembrar, se hace todo más complicado. Aun así, estamos expectantes con lo que pueda pasar porque poniendo, de nuevo el ejemplo del año pasado, lo cierto es que se auguraba una buena siembra y el mal tiempo del mes de agosto, lo estropeó todo. Por ello, estamos a la espera de que esta situación se revierta.

¿Aspiran a que la verdina sea IGP?

-Se está trabajando en ello. La verdina es marca de garantía y esperemos que en un futuro, no muy lejano, pase a ser IGP. Es verdad que no tiene tanta variación como la faba en certificación y es un producto más plano, con menos agricultores y menos superficie. Con los datos de esta semana, podemos afirmar que hay un diferencial de tres toneladas certificado respecto al año anterior. Se están moviendo entre las 26 y 30 toneladas durante un año normal y esperamos que vaya en crecimiento.

-Otra de sus funciones como IGP es la promoción.

-Siempre se destina parte de los recursos a la promoción, pero es difícil hacer promoción en un año como este porque los clientes nos llaman y no hay producto. Aun así, hay que estar presentes porque con todo el trabajo que se ha realizado durante los últimos años, no es plato de buen gusto tener un año malo de producción.

-¿Qué necesitan exactamente?

-La verdad es que estamos en un sector en el que no podemos recriminar ni ignorar todas las ayudas que recibimos. Tenemos la suerte de que la Administración siempre escucha nuestras demandas, pero yo no creo que el problema esté vinculado con las ayudas, sino con la formación. La formación es uno de los aspectos que más demandamos desde IGP.  Desde mi punto de vista, se necesita una formación mínima de dos años previa a la incorporación. Lo ideal sería que estuviera especializada en verdina, faba y agricultura. Esto es fundamental porque luego nos podemos encontrar sorpresas desagradables. Las subvenciones de 50.000. 75.000 y 100.000 euros están muy bien y espero que no desaparezcan porque dan ese plus y esa agilidad para llevar a cabo labores en 5 años, que sin ellas tardarían 10. Aun así, esto no es suficiente porque no se puede entrar en una actividad nueva, a través de una ayuda, si no se sabe gestionar la profesión. El agricultor tiene que saber vivir de su trabajo y debería visitar explotaciones que hay fuera de Asturias para poder ver otras realidades. Después de esto, solo queda que el tiempo acompañe, pero eso ya no depende de nosotros.

-¿Qué carencias ve en esos jóvenes que muestran interés por el sector?

-Hay gente joven que tiene un ansia desmesurada de trabajar y eso siempre es de agradecer, pero yo siempre digo que el trabajo no son, exclusivamente, las siete horas en finca, sino que hay que aceptar que en el momento de incorporarse, se da el paso de convertirse en empresario. Por eso, hay que hacer una gestión que es igual de importante que la labor en el campo; es un trabajo difícil en el que hay que ver las experiencias de otros agricultores asturianos que saben mucho de fabas. Al fin y al cabo, estos jóvenes no tienen a esos mayores detrás que ya cuentan con la formación inicial.