El sector agrario cierra 2023 con un lamentable balance para ASAJA

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En opinión de ASAJA, 2023 ha sido un año convulso y lleno de dificultades para el sector agrario. Meteorológicamente hablando, la sequía ha hecho mella en buena parte de las producciones agrarias y esto, unido a la proliferación de otros fenómenos meteorológicos extremos (aguaceros, heladas y pedriscos), ha tenido como resultado que la siniestrabilidad en el campo se elevara este año un 61%, hasta los 1.300 millones de euros, en pérdidas, según valoración de Agroseguro.

Desde el punto de vista legislativo, no ha ido mucho mejor. Bruselas se ha “cebado” con los agricultores y ganaderos europeos y el campo español tiembla con cada nueva medida que la Comisión, el Parlamento y/o el Consejo ponen en marcha.

En suma, la rentabilidad de los productores agrícolas, y no digamos de los ganaderos, está cada vez más en entredicho y la preocupación e indefensión que sentimos, para afrontar un nuevo año, es máxima.

En el balance de producciones de los grandes cultivos, destaca la desastrosa campaña de cereales, con una bajada histórica de las producciones acompañada de ruinosas cotizaciones de precios y con una tremenda carestía tanto de paja como de forraje que ha dejado a los ganaderos en una situación límite.

Pero si hay un sector que sale tremendamente “tocado” este año, ese es el sector ganadero. Los altos costes de producción, la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE), la viruela ovina y las normativas medioambientales y de bienestar animal han dejado un balance muy negativo en el conjunto de las producciones ganaderas.

Aún con precios de venta altos en leche y carne de ovino, vacuno o porcino muchos ganaderos siguen sin tener la rentabilidad deseada en sus explotaciones debido al brutal aumento de los costes de producción, que, si bien se han moderado, no terminan de recuperar los niveles de pre-guerra. La falta de suministro de forrajes y paja, y por tanto sus desorbitados precios en el mercado, ha sido otra de las consecuencias de la dura sequía vivida este año.

Por si este desalentador panorama no fuese suficiente, la aplicación normativa del Plan Estratégico de la nueva PAC ha venido a complicar aún más la situación. Los retrasos en la publicación de la normativa,  la burocracia, y las nuevas exigencias y requisitos medioambientales han dificultado el acceso a las ayudas y se confirman los recortes en los pagos respecto a 2022 como consecuencia del cambio de regiones, la degresividad y los ecorregímenes. En este último capítulo, un 25% de los agricultores no ha querido o no ha podido acogerse a ellos.

Pero esta nefasta reforma de la PAC, desenfocada y fuera de la realidad, es una muestra más de lo que se “cocina” en Bruselas. La Ley de Bienestar Animal, con severas limitaciones al transporte; la Ley de Restauración de la Naturaleza; o la aplicación de acuerdos comerciales con países terceros, con gran impacto para las producciones agrícolas comunitarias, son solo algunos ejemplos del tremendo perjuicio que la maquinaria de Bruselas está infligiendo al sector agrario español y europeo.

ASAJA ha abogado por cambios urgentes y de calado en los planteamientos comunitarios que permitan proteger nuestro tejido productivo, así como la seguridad alimentaria del conjunto de la ciudadanía. Mientras el sector productor de la UE se afana en buscar la fórmula para mantener la rentabilidad de las explotaciones, los alimentos de terceros países entran al territorio europeo de forma indiscriminada, con normativas medioambientales y laborales más laxas y que provocan competencia desleal, e incluso en algunos casos, alertas sanitarias que afectan tanto a consumidores como a productores.

Plan de choque urgente

Desde hace varios meses, ASAJA viene reclamando a las administraciones la necesidad de poner en marcha un Plan de Choque, a varios años vista, para garantizar la viabilidad de las explotaciones agropecuarias.

Abogan por cambios urgentes y de calado en materias importantes como son el modelo de seguros agrarios; la flexibilización de normas y simplificación “real” de la PAC; un foro de trabajo orientado a cuestiones sanitarias, principalmente de la ganadería extensiva y un impulso a las políticas orientadas al relevo generacional y al reconocimiento del valor de la profesión de agricultor y ganadero.