Declaración de Monteagudo: un futuro para la Asturias rural

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El futuro de la Asturias rural pende de un hilo tras años de políticas agrarias ineficaces o poco acertadas, la situación es preocupante y un grupo de personas comprometidas con la región han plasmado en la Declaración de Monteagudo su visión a través de sus conocimientos y experiencia. Se trata de Jesús Arango, Francisco Rodríguez, José Cardín, Santiago Menéndez de Luarca, Marcelino González y Roberto Paraja. Puntos de vista a través de sus trayectorias políticas, empresariales, cooperativistas y de investigación así como nuevas tecnologías que confluyen en un mismo objetivo: crear un debate social y reflexionar sobre la necesidad de un importante cambio de mentalidad para salvar las zonas rurales además de la forma de vida sus habitantes, que cada vez son menos.  Esta mañana el RIDEA albergó la presentación de la Declaración de Monteagudo.

La Asturias Rural en cifras

En cuanto al problema demográfico, el 70% de la población asturiana vive en el área urbana que ocupa un 10% del territorio, concretamente 13 concejos. El 43% de la superficie regional (29 concejos) ya es un desierto demográfico con menos de 10 habitantes por kilómetro cuadrado, excluida la población de la capital del municipio.

En lo que respecta a producción agraria en Asturias existen en la actualidad unas 15.000 explotaciones ganaderas, de las que el 80% son de carne. Solo quedan 1.600 granjas que realizan entregas de leche a las industrias, frente a las 32.000 explotaciones que existían en 1987. El 70% de la producción lechera se concentra en Tineo y Valdés. Se detecta que las explotaciones de producción láctea no han avanzado en las técnicas de gestión económica. En la Declaración de Monteagudo ven necesario implantar un sistema que racionalice la recogida de leche y un nuevo sistema de fijación de precios. En vacuno de aptitud cárnica vender al destete fuera de la región supone que la mayor parte de la cadena de valor del producto final se genere fuera de la región. La reciella ha disminuido un 47% en veinte años. El equino ha aumentado en un 59% y se destina a exportación. El porcino descendió en un 84%. Dos terceras partes de Asturias son de uso forestal y los recursos están desaprovechados. Y las tierras de cultivos están en constante descenso.

Abogan por un modelo de poblamiento disperso, para lo que es imprescindible una profunda reestructuración de la administración autonómica que requiere la descentralización (ruralización de determinados servicios públicos en las alas de la región sobre la base de una red de banda ancha global para toda Asturias. En un horizonte a 30 años, pretenden que la Asturias rural sea un excelente lugar para vivir, trabajar, producir, formarse, abastecerse, acceder a servicios básicos y descansar. Esto se podría conseguir a través de estrategias territoriales diferenciadas, y la actividad económica se alinee en una economía circular, la biodiversidad, la sostenibilidad, la bioeconomía, la protección medioambiental a través de sistemas productivos regenerativos del suelo y la optimización de los recursos naturales, culturales y de conocimiento, donde la innovación tecnológica y social actúen de motores del desarrollo.

Conclusiones

El futuro del mundo rural precisa de una nueva visión de Asturias que pase de una economía dual a una distribuida espacialmente, con unas zonas rurales renovadas y diversificadas, en el marco de una economía regional orientada a los mercados globales.

El reequilibrio territorial exige una Agenda Rural para Asturias que contemple un enfoque de desarrollo comarcal participativo, una digitalización y una descentralización de la administración regional que incorpore una visión de conjunto del medio rural que además de las medidas de carácter sectorial que requieren la participación de los agentes implicados, esté configurada por un mix de políticas encaminadas a mejorar los ingresos y las condiciones de vida de los residentes en las áreas rurales.

En línea con las recomendaciones del Comité Europeo de las Regiones, se debe combatir el despoblamiento y la exclusión social promoviendo iniciativas que potencien la economía local y mejoren el acceso a los servicios básicos, la bioeconomía, las soluciones energéticas verdes, la innovación tecnológica y social, y actúen para acortar la brecha digital.

El futuro del mundo rural asturiano debe partir de una necesaria e imprescindible revisión regulatoria y simplificación administrativa que deben responder a criterios de desarrollo territorial y no ser, en ningún caso, un obstáculo para ello. En este sentido, se hace necesario adoptar medidas de discriminación positiva tanto para la población como para las actividades económicas que se desarrollen en estas zonas.

En el sector agrario, y especialmente el subsector ganadero, precisa de un plan de mejora de la rentabilidad de las explotaciones que incorpore medidas orientadas a reducir la incidencia de las principales partidas de los costes de producción, la mejora logística de la red de recogida de leche y mecanismos de fijación de precios que incorporen la evolución del coste de los principales insumos de las explotaciones.

Una Agenda Rural para Asturias debería contemplar la explotación del orden del 40 por ciento de la superficie de la región que está ocupada por montes comunales, actualmente ociosos o infrautilizados, gran parte de los cuales se localizan en concejos de montaña que ya se consideran desiertos demográficos. En estas zonas se deberían crear instrumentos para llevar a  cabo acciones que combinen el aprovechamiento forestal con la creación de superficies de pastos en los que se desarrolle una potente ganadería extensiva que desempeñe a su vez una eficaz función de cortafuegos, así como el fomento del papel del efecto sumidero de CO2 de estos espacios.

Dado el tamaño y el carácter de las explotaciones agrarias asturianas -pequeñas y familiares-, la dispersión de su localización y el hecho de que el 90 por ciento de Asturias está declarado por la Unión Europea como zona de montaña, con lo que ello significa como hándicap para el desarrollo de las actividades agrarias, deberían aumentarse significativamente los pagos de las indemnizaciones compensatorias, incorporando el papel de productores de paisaje que realizan nuestros campesinos, y teniendo en cuenta las condiciones familiares de la explotación y su situación geográfica, a través de baremos a nivel de parroquia en los que se tenga presente las diferencias en densidad de población, altitud y pendiente.

La diversificación de las economías locales sobre una base agroganadera, permitirá atraer a nuevos pobladores que en condiciones adecuadas de calidad de vida y conectividad puedan desarrollar sus actividades profesionales en pueblos y aldeas. Además, una oferta de turismo rural de calidad orientada a nichos de mercado muy especializados podrá proporcionar a los visitantes experiencias muy adaptadas a sus gustos y  requerimientos.

El valioso y diverso patrimonio cultural y etnográfico, debe ser, en muchos casos, convenientemente conservado y reorientado hacia nuevos usos para que no desaparezca. La conservación y recuperación del patrimonio debe ir asociado a la recuperación de oficios tradicionales que pueden adquirir un valor económico asociados al turismo, al mismo tiempo que generan empleos locales y hacen perdurar la cultura de tradición campesina de nuestros antepasados.

Todo ello debe ir acompañado del mantenimiento de servicios básicos educativos, sanitarios y sociales que, aprovechando las ventajas de la tecnología, deben prestarse en condiciones dignas en el mundo rural. Para ello la conectividad global de la región es condición indispensable para el futuro de los pueblos y aldeas. En definitiva, el gran objetivo de una Agenda Rural para Asturias debería ser el de convertir a nuestras zonas rurales en lugares apropiados para vivir, estudiar, producir, trabajar y formar una familia.

Pueden consultar el documento completo en: www.declaraciondemonteagudo.org