La reciella se rebela contra la protección del lobo

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Se trata de una de las prácticas ganaderas más antiguas y representativas de nuestro medio rural pero, sin embargo, en los últimos 30 años, se ha visto afectada de tal forma que ha desaparecido en provincias limítrofes, como León. En la vertiente asturiana de Picos de Europa, la reciella sigue existiendo y resistiendo a las dificultades que la ponen en peligro, aún viendo mermada en un tercio su población desde los años noventa. Nel Cañedo, pastor en la majada de Soñín, en el concejo de Onís, y Abel Fernández y Kaelia Cotera, de la ganadería Cambureru, en la localidad cabraliega de Sotres, siguen apostando por cuidar de sus cabras y ovejas en extensivo, a pesar de los daños ocasionados por el lobo y el aumento en los costes de producción.

En el caso de Nel Cañedo, con un rebaño de 30 ovejas y 75 cabras, la subida de precios en los insumos ya se está notando en su explotación. “Lo que suministramos es grano durante el invierno y cuando paren. Ese grano, que es cebada o maíz, subió cien euros la tonelada con respecto al año pasado. Está subiendo todo menos los precios de la carne, que sigue como hace 30 años”, reivindica. Respecto a la venta de sus corderos y cabritos, Cañedo señala que “si acudimos al mercado convencional, te puedes dar con un canto en los dientes si un tratante o un carnicero te paga 50 euros por un cabrito bien criado. Si es un cordero, lo están pagando a 30 euros. Criarlos cuesta mucho más que eso”. En cuanto a los daños ocasionados por el lobo y su reciente inclusión en el Lespre, el pastor explica que “este año perdimos 5 cabras y dos ovejas y la demora en el cobro de las indemnizaciones sigue igual. Se tarda mucho en certificar el daño y en cobrar. Además, si te toca un guarda que quiera marearte, pone en el informe que está dudoso y no te llega la indemnización”.

Situación generalizada

En ese sentido, el pastor define la situación como “generalizada. No solamente con el problema del lobo. Conozco a un paisano que tiene aprobado un daño de corzo en una pumarada por 17,40 euros y lleva desde 2015 sin poder cobrarlos”. Para Cañedo, “parece que el ganadero tiene que trabajar por amor al arte. Lo que hay que garantizar es que los ganaderos tengan un precio que les permita vivir dignamente de su trabajo como cualquier otro trabajador de este país”, añade.

Respecto al futuro de la reciella y la ausencia de relevo generacional, el gijonés afincado en Onís difiere de la opinión mayoritaria. “Lo del relevo generacional, por una parte, es mentira. Hay críos en los pueblos, pero se van y se dedican a otra cosa”. En ese aspecto, destaca que “si se hiciera un estudio demográfico real, la tasa de natalidad en los pueblos bien seguro que es mayor que la de las ciudades. El problema está en que, si los críos ven que sus padres están sufriendo todos los días para sostener un ganadería y que no pueden vivir dignamente, pierden la ilusión. Se buscan la vida de otra manera. Cuando sean adolescentes y quieran ganar algo de dinero, se buscan la vida fuera. Parece como que el ganadero tiene que trabajar por amor al arte”, recalca.

Las declaraciones del ministro de Consumo son otro de los temas candentes entre los ganaderos. En opinión de Cañedo, “Garzón metió la pata hasta atrás porque no puedes ir a un periódico británico, que son los reyes del amarillismo, y dejar que te lleven por donde ellos quieren. Será muy capacitado pero, como ministro, no tiene picardía. No puedes ir a un medio extranjero a criticar un producto español”. Por otra parte, explica que “en el fondo, en lo que quería decir tiene razón. Las macrogranjas son perjudiciales para el ganadero familiar o en extensivo pero, según lo veo, Garzón desconoce como funciona el mercado de la carne en España. No se da cuenta de que está metiendo en el mismo saco a la ganadería intensiva y a las macrogranjas”. Respecto a su diferencia, el pastor subraya que “todos los terneros que se producen, antes del sacrificio, pasan por un cebadero intensivo. Tanto los xatos de los puertos, como los de Tineo o de la sierra del Aramo, lo hacen. Si sacrificas un xatu recién bajado del monte y sin pasar por un cebadero te vas a encontrar una carne más dura que el cerrojo de un penal”.

Respecto a las últimas manifestaciones de ganaderos y agricultores, Nel Cañedo explica que “hay que entender que la gente está muy cansada. Las trabas administrativas, el tema del lobo y el encarecimiento de los precios hace que estemos al límite. Parece que están esperando a que vengan los alienígenas con una máquina de maná a arreglarlo todo”, añade.

Kaelia Cotera y Abel Fernández siguen resistiendo en los invernales del Teju con sus 75 ovejas y 140 cabras repartidas en seis cuadras. “Tuvimos menos ataques en primavera, pero estamos teniéndolos ahora y están matando durante el día y cerca de las cuadras. Sigue habiendo los mismos ataques pero cambia la temporada. No sé si es por el turismo que, al haber más gente, el lobo no se atreve a bajar”, explica Fernández. “Dependiendo de la cantidad de turismo, matan en un sitio o en otro. Ahora está matando al lado del núcleo y es preocupante. Hace poco vinieron unos turistas diciendo que encontraron tres lobos arriba del pueblo. A veces, hasta acechan al lado de las cuadras.

Pasaron de matar arriba de la peña a matar en el pueblo”, coincide Kaelia Cotera.
En cuanto a cifras de daños, Abel Fernández destaca que “tuvimos 15 bajas, de las que solo pudimos justificar cuatro. No todos los problemas en la reciella son a cuenta del lobo, pero sí la mayoría. Si comparamos la situación actual con la de hace 20 años podemos verlo. Antes había un montón de cabras y ovejas y ahora solo quedamos unos pocos. Hay mucha gente que está a punto de jubilarse y eso también se nota”, resume el ganadero.
La demora en el cobro de las indemnizaciones agudiza las dificultades a las que se ven sometidos. “Dicen que pagan a 90 días, pero el plazo empieza cuando les da la gana a ellos. Igual te paga un daño a los dos meses como al año y pico. No hay término medio”, destaca.

Subida de precios

Respecto a cómo les están afectando las subidas del precio de los piensos y los combustibles, Fernández subraya que “el gasóil subió una barbaridad después del verano y los piensos más de lo mismo. El pienso cuesta sobre siete euros más cada saco. Casi 100 euros cada paquete de alimento para las ovejas. Diez sacos de cebada me costaron 150 euros, que es el doble. Subieron diez céntimos el kilo de vacuno, pero no sirve de nada. Eso solo son 30 euros más por cada vaca”. “Otros años echábamos pienso a todos los animales, ahora solo a las ovejas y cabras paridas porque no podemos asumir tantos gastos”, coincide Cotera.

La inminente ley de bienestar animal es otro de los temas que inquietan a quienes viven en el medio rural. Kaelia Cotera señala lo contradictorio de la normativa. “Ahora, los animales tienen que morir de forma digna, pero si el lobo destripa a las cabras y las ovejas es legal”. En ese sentido, Abel Fernández subraya que “La administración está haciendo por que se extinga la reciella. Crece el número de lobos y baja el de ovejas y cabras”.

Respecto a la manifestación del pasado 23 de enero en Madrid, la ganadera explica que “estaba pensada para grandes explotaciones y para la gente del sur. De las reivindicaciones que tienen pequeñas ganaderías y las de extensivo que hay por el norte, hablan poco y de refilón”. Para Cotera, “al final, todo es política y cada uno se está aprovechando del momento de desesperación por el que está pasando la gente del campo. Cuanto más desesperado estás, menos te paras a mirar quién hace la manifestación y por qué la hace. Al final es a ver quién la tiene más grande y luego pasa lo que pasa. Hasta ahora, campo ha sido muy precavido y educado a la hora de manifestarse”, añade.

En cuanto al debate sobre las macrogranjas y la ganadería intensiva y extensiva, Abel Fernández explica que “están mezclando a los cerdos y los pollos con las vacas, las cabras y las ovejas”. “Con ese tema se está confundiendo a la gente”, coincide Kaelia Cotera. “Se habla de las macrogranjas y de extensivo e intensivo pero la mayoría de las explotaciones de Cabrales y de Gamonéu son familiares y en intensivo, de gente que tiene veinte o treinta vacas. Se confunde el intensivo con las macrogranjas y no son lo mismo. La ganadería extensiva depende muchas veces de la intensiva”, remarca. “El ganadero vende al que se lo compre al mejor precio. En la ganadería ecológica, la diferencia está en que se usan piensos más caros, pero también ceban en intensivo”, explica Abel Fernández.

Pese a que la actual situación de la reciella hace peligrar su supervivencia, en la ganadería
Cambureru siguen apostando por que siga habiendo cabras y ovejas en Sotres. Es por ello que buscaron darle salida a su carne con la apertura de un restaurante el año pasado con éxito de acogida. “El cachopo se puede tomar en cualquier parte, pero el cabrito hay que comerlo en los Picos”, explica Fernández. “La gente sabe donde está la calidad y vienen expresamente a comer cordero y cabrito. Hasta tuvimos clientes que no comen carne pero probaron nuestros cabritos porque saben de dónde sale y en qué condiciones los criamos”, subraya Cotera.