La valduna, la castaña por excelencia

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Un sector dejado de la mano de Dios: durante años, sirvió para llenar estómagos, como alternativa a la patata, y aunque más tradicional, la castaña asturiana no aparece ahora en los platos de las abuelas. En Asturias, el castaño es parte esencial del paisaje y la cultura y tradición de nuestros pueblos. A pesar de contar con una superficie productiva que alcanza las 120.000 hectáreas, principalmente en forma de monte bajo destinado al aprovechamiento maderero, su cultivo es considerado inexistente por expertos e investigadores. Sin embargo, afirman que aun es posible encontrar en los bosques regionales ejemplares domésticos e, incluso pequeños rodales. Los castañares convertirían a nuestra región en una potencia en la producción de castaña, pero el estado de abandono de la producción no permite que avance el sector. “Me da mucha pena ver castaños por ahí que nadie recoge el fruto. Como es lógico, yo no voy a entrar a un terreno privado a recoger algo que no es mío. Pero se podría llegar a un acuerdo con los titulares. Aprovecharlo. Son castaños viejos, que dan buenas castañas”, destaca Beatriz Arango. Es vecina de Bieldes, municipio de Las Regueras, y es una auténtica apasionada de la castaña. Pero no de una cualquiera: la valduna.

Y es que la castaña valduna es la seña de identidad del concejo reguerano. Aunque toma su nombre de la parroquia de Valduno, la variedad se ha extendido por todo el término municipal a base de injertos realizados por generaciones enteras. “Un castaño valduno no nace, se hace”, apunta Arango. Conoce la tradición por herencia familiar, y explica que “si tú siembras una castaña valduna no nace valduna. Tienes que injertar un plantón villano para conseguir la variedad”.

Cuenta con dos docenas de árboles entre Bieldes y San Bartolomé, Belmonte de Miranda, que explota de manera no profesional desde 2016: “los castaños los plantaron mis abuelos. Yo me dedico a recoger lo que dan”. Este año alcanzó una producción de 30 kilos que comercializó en el Certamen Exposición de la Castaña Valduna en Santullano, llegando a los 10 euros el kilo, y  con los que consiguió hacerse con un segundo premio.

No descarta profesionalizarse en el sector, pero es “algo que hay que pensar mucho. Tendría que barajar también otras alternativas. Los castaños tardan en dar fruto”. Para ella, “estaría bien poder comprar árboles ya con cinco años para que a los ocho ya den algo de producción. Entre los castaños, se podría plantar otro fruto, como frambuesas, para sacar rendimiento, o meter en la parcela gochu asturcelta”.

Muérdago

No obstante, “yo lo que hago es aprovechar todos los recursos naturales que tengo. Castañas, avellanas, nueces e, incuso muérdalo u ortigas”, ríe. Hace cinco años detectó la costumbre de regalar muérdago para atraer la buena suerte. “Vi que los manzanos tenían mucho y me dio por anunciarlo a través de las redes sociales. Me escribieron de Cádiz o de Madrid, por ejemplo, como si fuese un tesoro y vi la oportunidad de negocio customizándolo”. Con las ortigas, similar, “tienen mucha aceptación para hacer tortilla o croquetas”.

Estudió un Grado en Geografía y Ordenación del Territorio. Actualmente, trabaja en la Universidad como Personal Investigador. “Con mi titulación aprendí mucho de plantas, a parte de lo que ya sabía al nacer y vivir en el campo. Trabajando como educadora ambiental detecté que los niños no sabían lo que era el laural. Que veían la planta y no la reconocían”. Para su sorpresa, “los profesores tampoco”. Pues a ella, nada se le pone por delante, porque “algo que parece tan normal, y que la gente no sabe, puedo además de enseñarlo, comercializarlo”. Lo mismo, con el orégano silvestre. Lo recolecta, lo seca, lo desgrana y lo empaqueta para darle salida. Aunque reconoce que “no es que gane mucho con ello, hay nicho de negocio. Puede ser una alternativa o complemento, como es mi caso”.