El néctar del paraíso

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2012

Es la apicultura, una actividad a la que Cristina Galán Menéndez se incorporó de manera profesional en 2016 y que se ha convertido desde entonces en el medio de vida familiar. Y es que gracias a las abejas que obtienen el alimento de las flores y que fomentan en las plantas la capacidad de fecundarse, lo que se conoce como polinización cruzada, se genera el oxígeno suficiente para la vida y aumenta el rendimiento en los cultivos, lo que favorece la producción de alimentos. Los datos de Greenpeace señalan que el 75% de nuestra alimentación depende de estos insectos y que su extinción desencadenaría un desastre ecológico. En España, el sector, muestra un crecimiento constante y destaca por su censo de colmenas que representa aproximadamente un 16% de las de Unión Europea. Natural del concejo de Allande, lo que si tenía claro era que “quería quedarme en la zona. Así que decidí profesionalizarme e incorporarme al sector con 300 colmenas”.

La apicultura es una actividad ancestral consistente en la crianza por el ser humano de las abejas para el aprovechamiento de los productos elaborados por las mismas: la miel, el polen, el propóleo o la cera con las que además elabora velas. Si hay una palabra que describa a Miel Valle de Prada es natural. Elaboran mieles sin adulterar respetando el manejo tradicional adquirido de generación en generación. A pesar de no tener tradición familiar en la apicultura, Cristina se inició en el gremio tras casarse hace ya 21 años. En casa de Jose había 4 o 5 colmenas para autoabastecerse. “Mi marido a los 7 años ya cuidaba de las colmenas de truébano de su abuelo, que luego heredó su padre. Vigilaba si caían enjambres. A los 17 años, José Manuel, ya llevaba solo las colmenas de la familia”.

La emprendedora reconoce que llegó a la apicultura por casualidad, por la necesidad de “quedarme aquí”. “La primera vez que fuí a las abejas la verdad que no sentí nada especial”, ríe, pero si que reconoce que despertó cierto interés y “ver la evolución de tu trabajo, porque tu mismo lo haces todo y ver cómo funciona engancha”. En la era de la tecnología y la transformación digital, lo ancestral cobra importancia como valor añadido y la diferenciación en la técnica. Cristina y José están presentes en todo el proceso de la miel. Desde que se produce hasta que se envasa y posteriormente se comercializa. “Hay años y años. Tuvimos campañas de producir 7.800 kilos y otras de hasta 10.000”. Todo depende de la climatología.

Los apiarios, distribuidos entre los concejos de Allande y Cangas del Narcea, producen dos tipos de néctar: montaña, donde predomina el brezo, y de bosque que se consigue mayoritariamente en la zona canguesa. Toda ella amparada por la Identificación Geográfica Protegida -IGP- Miel de Asturias, además de por el sello de calidad Alimentos del Paraíso. Los considero “dos sellos que le dan calidad y prestigio a la miel”. Además, cuando “dices Alimentos del Paraíso, lo identificas inmediatamente con Asturias. Es el sello de calidad por excelencia”.

Cambio Climático

Cristina lamenta que, desgraciadamente, se están notando los efectos del cambio climático y la alteración de las estaciones. “En 2016, con 300 colmenas produje más que este año con 900”. De hecho, cuenta que en julio, “cuando fuimos a poner los caza polen la flor del castaño estaba preciosa”. Sin embargo, “las abejas, que llevan el polen en sus patas, no entraban”. Así que, “este año no hay ni gota de miel de castaño. No son normales estos calores cuando debería de estar ya nevado”.

Miel del Valle de Prada envasa  de manera tradicional, conservando la esencia de un oficio ancestral, y distribuye su propia miel. Asimismo, cuenta con diferentes puntos de comercialización como son tiendas de la zona, y llega hasta Oviedo, Noreña o Gijón. Fuera de la región, cuenta con puntos de venta en Madrid, Málaga o Almería. El excedente, a una comercializadora. Para más información, puedes visitar su página web (www.mielpuradeprada.com).