“La razas autóctonas tienen menos costes de producción y se adaptan mejor al territorio”

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Es una de las razas equinas más antiguas de Europa y, sin duda, la más emblemática de Asturias. El asturcón, caracterizado por su rusticidad y adaptación a territorios donde otras especies no sobrevivirían, supone no solo un símbolo, sino también un ejemplo de esfuerzo por recuperar una raza que estuvo abocada a su desaparición. Con el objetivo de que estos singulares animales sigan habitando nuestros prados y montes sin descuidar su pureza nació la Asociación de Criadores de Ponis de la Raza Asturcón (ACPRA).

Visitamos con su presidente, Germán Concheso, la sierra del Serrón, en el concejo de Villayón, donde pastan los animales de Liborio Blanco y Vicente Redruello, ambos de El Vidural, en Navia, y de José Manuel Santiago, de Sellón. “Tengo 120 asturcones, 20 vacas Casinas, 60 vacas Asturiana de los Valles y 50 Frisonas de leche”, enumera Liborio Blanco, quien reconoce que “tengo un poco de todo. La Asturiana de la Montaña hace poco que la tenemos, pero siempre me gustó tener razas autóctonas. Llevo muchos años con los asturcones y la Casina siempre nos gustó, así que decidimos apostar por ellas. Ahora, ya hay más ganaderías por aquí que las incorporaron”.

Por su parte, su vecino Vicente Redruello explica que “tengo 30 asturcones y 30 vacas de raza Asturiana de los Valles. De estas últimas, siempre tuvimos alguna sin marcar, pero ahora las marcamos todas”.

En el caso de José Manuel Santiago, explica que “llevo muchos años en esto. Ahora mismo, tengo 60 vacas de Asturiana de Valles y 50 yeguas asturconas”.

La diversificación es una de las señas de identidad de las explotaciones de estos tres ganaderos. En ese sentido, Germán Concheso explica que “viene por sentido común. Unas veces la leche está más arriba y otras más abajo, como la carne. Los animales que tienen son de razas autóctonas adaptadas a este medio. Son los animales que menos costes de producción tienen y que mejor sobreviven en este entorno. Eso conlleva el mantenimiento de los montes y que el día de mañana no se produzcan grandes incendios”.

A más ganado, menos incendios

En ese aspecto, Liborio Blanco subraya que “en mi zona hace muchos años que no nos afectan. Una parte de importancia la tiene el haber mucho ganado por el monte. Los animales mantienen continuamente el pasto desbrozado de una forma natural”.

“Hace unos 34 años, hubo un incendio que llegó hasta el mar”, explica Vicente Redruello. “Desde entonces, fuimos aumentando el número de razas autóctonas y no volvimos a tener ningún problema”, coincide Blanco, quien señala que “puede haber alguna zona que les guste menos a los animales y que se eche un poco arriba”. Para evitar la proliferación de vegetación que sirva como combustible para los incendios, el ganadero reclama que “debería de haber, por lo menos, una máquina en cada concejo con unos obreros que, donde el monte se pone alto, pudieran estar al servicio de los vecinos para desbrozar y limpiar. Eso sería importante para evitar el tema de los incendios”. Otro problema añadido es la pérdida de población. Para Liborio Blanco, “si los pueblos estuvieran con los mismos habitantes que hubo siempre, creo que no habría incendios”.

Según Germán Concheso, “las razas autóctonas permiten mantener limpios estos territorios evitando que se produzcan grandes incendios. Al final, el fuego, desde la época de las cavernas, siempre estuvo al lado del hombre. También se puede provocar de forma natural y, cuando hay una masa forestal grande con una gran cantidad de combustible, es lo que provoca las grandes catástrofes. Mientras que, donde hay ganadería extensiva, se controla esa materia, no hay combustible y, si llegase a haber un incendio, lo haría por encima. No quemaría como ocurrió en estos últimos meses”.

Criminalización del sector

Tras la oleada de incendios, se señaló, en un primer momento, a los ganaderos como los causantes de la catástrofe. Al respecto, Concheso subraya que “se criminalizó mucho al sector y hay que tener en cuenta la presunción de inocencia y no llegar y atacar directamente y poner a los ganaderos en el punto de mira. Ellos fueron los que pusieron sus medios y expusieron sus vidas. Se culpó a los ganaderos, cuando fueron quienes realmente estuvieron ahí ayudando a apagar los incendios y colaborando”. En ese sentido, señala que “igual hay otras personas que tienen intereses en que quemen los montes porque, en el caso de los ganaderos, es su casa y, a fin de cuentas, nadie quiere quemar su casa”.

Control del lobo y baremos más justos

Los cánidos son otro de los quebraderos de cabeza para los ganaderos de la sierra del Sellón. “Es un animal que está ahí, que sacrifica el ganado que se le antoja y que no elige”, señala Blanco, para quien “es a nivel de toda Asturias. Tienes un animal que crías con esmero y es el primero al que te ataca. Y donde hay razas autóctonas en libertad, más ataca”. Respecto al cobro de indemnizaciones, el ganadero denuncia que “tenemos demoras de hasta dos años. Además, en cuanto a precios, si fuéramos a mirar el lucro cesante de cada animal, al final nos dan una miseria. Una yegua joven tiene 25 años para producir. Te abonan el valor real de ella, pero queda todo lo demás. Todavía nos recortan porque, por ejemplo, en las yeguas mayores de 15 años, en el último baremo, las pusieron de desvieje, cuando hay informes de cualquier veterinario que indican que pueden parir hasta los 30 años. Se pierde la subvención y los partos que iban a producir. Te liquidan con 180 euros, cuando el animal podría valer para carne unos 400 euros”. En ese aspecto, Liborio Blanco califica los baremos de “lamentables. Tendría que haber un control del lobo para no llegar a estos números. Estamos manteniendo a los lobos y debería de haber una compensación por estar en una zona donde convivimos con ellos”.

En opinión de Vicente Redruello, “no queremos que se extermine el lobo porque siempre se convivió con él, pero tendría que estar más controlado”. En ese sentido, Germán Concheso explica que “en estas zonas siempre hubo lobo. El problema está en que había mucha reciella y la fue erradicando. Cuando trabajas con una raza en peligro de extinción y que estuvo a punto de desaparecer, lo que haces es ir conservando esas características raciales. El lobo llega y te mata a los mejores animales, no selecciona. Es algo muy agravante y nos encontramos con situaciones dramáticas”. Como ejemplo, el presidente de ACPRA destaca que “si matases un lobo, la pena serían hasta dos millones de euros más cárcel. Entonces, el agravio comparativo es terrible. Los ganaderos son los que padecen eso y las razas autóctonas en particular. Es una lucha diaria”. En cuanto a posibles soluciones, Concheso destaca que “si determinasen unos territorios donde hubiese lobo, deberían tener unas ayudas mayores con independencia de los daños. Los ecologistas del territorio son los que viven día a día en esa zona. La gente de la ciudad no viene a ayudar, ni a trabajar, ni a apagar incendios cuando ocurren y luego critican a los ganaderos”.

Inspecciones

Para Liborio Blanco, otro de los factores que afectan sensiblemente a sus animales son las inspecciones periódicas a las que se ven sometidos. “Nos llevan una semana de trabajo y me parece lamentable que tengamos que juntar estos animales, que están acostumbrados a vivir en libertad, porque llevan golpes y pasan horas sin comer. Hay que meterlos en una manga y pasarles el lector y esto ocasiona que algunos pierdan un ojo o que haya abortos”. En opinión del ganadero, “eso debiera tener otra solución bastante más fácil. Estamos hablando de bienestar animal y, por otro lado, se les imposibilita la vida. Desde la Administración deberían hacerlo de otra forma”.

Falta de relevo generacional

A los problemas ocasionados por el lobo y los trámites burocráticos se suma otro escollo en esta zona del occidente: la despoblación. Al respecto, Liborio Blanco señala que “vemos el futuro muy mal porque la juventud se marcha. Cada ganadería que se cierra es un delito a la naturaleza. Es algo que se pierde y que jamás se va a recuperar. En cualquier oficio, ya sea abogado, médico o ingeniero, se jubila uno y entra otro, pero en una ganadería no podemos traer a gente de una ciudad porque no lo va a conseguir. Es muy costoso y les faltan los conocimientos que se aprenden desde niños. Si no hay quien produzca alimentos, de poco sirve irse a la ciudad, porque puedes tener mucho dinero, pero con eso no comemos”.