El concurso ecuestre donde todos son campeones

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Texto: N.M.V.

El Centro de Terapias Ecuestres de Las Mestas (Gijón) lleva ofreciendo sus servicios principalmente a niños y adultos con diversidad funcional desde el año 1999. Utiliza la terapia con caballos con todo tipo de usuarios, de todas las edades y con todo tipo de diagnósticos, síndromes y enfermedades, mejorando su autoestima, su condición o su comportamiento.

Ketty Vives, directora del centro, explica que el centro funciona a través de la Asociación Asturiana de Terapias Ecuestres, cuyo presidente es Jesús Pesquera, con el apoyo del Patronato Deportivo Municipal de Gijón, que les cede el uso de las instalaciones de octubre a junio, durante el periodo escolar además de contar con su ayuda económica. Además, las familias asociadas, unas 50 anuales, pagan una cuota por los servicios que reciben, las clases de terapia, adaptadas a cada persona. El centro dispone de 5 caballos y una mula, dos de ellos ponis para los usuarios más pequeños, y cuenta con cuatro monitores. Durante los meses de mayo y junio el centro recibe visitas de escolares entre 4 y 12 años para que conozcan la función especial que desarrollan sus caballos.

“Durante la pandemia nuestra actividad se paralizó durante seis meses, y en estos dos años los alumnos se han ido incorporando a las terapias de forma progresiva, han sido tiempos complicados para las familias, ya que se trata de niños delicados con características especiales”, afirma Ketty, una persona empática, entrañable, cercana y que siempre tiene una sonrisa. Sus terapias, salvo que llueva, se desarrollan con la monta a caballo al aire libre y este año han recuperado la normalidad en el centro con sus alumnos habituales y la incorporación de nuevas familias.

Este año el concurso en el que participan todos sus alumnos acompañados de sus familiares y amigos ha venido a dar el pistoletazo de salida a la normalidad en la escuela. “El concurso es un día por y para ellos, son los únicos protagonistas y es muy especial. Cada uno participa conforme a sus capacidades y todos reciben el mismo trofeo al final de la prueba. Me gustaría agradecer al jinete Sergio Álvarez Moya, al que conocemos desde sus inicios su colaboración con la escuela, ya que este año ha donado los trofeos, todos han tenido su trofeo, con lo cual todos son campeones”, relata Ketty. Las familias que vienen a la escuela conviven el día del concurso, se unen, “al final esto es una pequeña gran familia”.

Con respecto a la reticencia que ciertos padres puedan tener a que sus hijos con diversidad funcional monten a caballo, Ketty explica que “cuando deciden a venir pierden todo el miedo. Aquí ven que nos adaptamos a las necesidades de cada niño, si necesita un caballo grande o pequeño, si necesita un monitor, dos o tres para realizar su terapia. El caso es venir y verlo”. Tienen entre uno y tres alumnos por hora e incluso animan a los padres a realizar la terapia con sus hijos. Este año han trabajado también “con jóvenes con problemas de depresión, ansiedad, anorexia… a raíz de la pandemia. Es otro tipo de terapia, vienen aquí, cepillan el caballo, montan, y en definitiva se relajan”.

El más joven de los alumnos del Centro de Terapias ecuestres acaba de cumplir tres años y el mayor ronda los 60. Sergio Iglesias Alonso, es el alumno más antiguo de Ketty, lleva montando a caballo desde el año 2000. Nos dice que lo que más le gusta es “el concurso, porque somos los mejores y todos somos campeones”.

Julio Fernández Arias, es uno de los alumnos más queridos del centro por educadores, padres y compañeros, está a punto de cumplir 40 años y ya tiene planes de cómo lo celebrará. Empezó con las terapias estando en Jaipur en La Guía y descubría que había una escuela de caballos a la que podía acudir. “Me siento muy agradecido con todos los monitores, en especial con Ketty, ya que he podido montar todos los caballos que han estado en el centro, y estoy aquí para seguir, hasta que me jubile”, nos cuenta. “Ketty confía en mí y sabe que yo puedo montar a caballos más grandes, aunque elegí a Moro porque es un caballo muy bueno y cariñoso, estoy acostumbrado a todos”. Reconoce que en el concurso de este año fue el primero en recorrer la pista, primero a pie y luego a caballo, “para quitarme los nervios. Me puse un poco nervioso pero lo hice muy bien, al final nos dieron un trofeo a todos y ya tengo cinco trofeos”, relata. A él le gusta todo de la escuela “cepillo los caballos, monto y estoy muy contento de estar aquí, tengo muchos amigos”.

El caso de Julio es especial. “Además de alumno, es un poco monitor entre comillas y nos ayuda mucho. En la escuela ha encontrado un sitio donde se siente a gusto. Lo conoce todo el centro, es súper amigo de los amigos, su vida no ha sido fácil y aquí ayuda a los pequeños, quiere mucho a los niños. Para él es importante además de lo que la terapia le aporta su bienestar anímico y emocional”, explica Ketty.

“La sensación de libertad que aporta a los pequeños, en especial a los que están en silla de ruedas, la primera vez que montan a caballo es sorprendente, un niño nos decía que veía el mundo de forma diferente”, afirma la directora del centro. En una ocasión, recuerda, que acudió un niño con problemas familiares serios, al que no sabían lo que le pasaba, por su mal comportamiento. “Finalmente, a través del diálogo que tenía con el caballo, nos dio pistas de lo que le pasaba”, concluye.