Innovación y tradición devuelven la vida al campo asturiano

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Texto: Sabina Rubio

La faba, es el ingrediente fundamental del recetario asturiano y por lo tanto el alimento más internacionalmente conocido, y se cultiva en 31 de los 78 municipios asturianos. Es una judía seca de la variedad Granja Asturiana de vaina lisa y de perfil alargado; grano oblongo, largo y aplanado. Su grano, una vez cocinado, se presenta entero, con piel lisa, albumen blando, mantecoso y poco o nada harinoso, y el Consejo Regulador de la Identificación Geográfica Protegida (IGP) Faba Asturiana, con base en Grado, se crea en 1990 para la defensa del producto que ampara y de los agricultores y empresas envasadoras que lo comercializan, así como para afianzar y asegurar a corto y largo plazo la producción y la rentabilidad económica de la misma. Con 2.117.933 metros cuadrados sembrados, son 141 los productores inscritos a la marca de garantía. La pasada campaña, se certificaron 81 toneladas de fabas de las 241 amparables.

Desde 2021 está siendo difícil para el sector agrario. Los agricultores y ganaderos aseguran que no obtienen un precio justo por sus productos que les permita alcanzar una mínima rentabilidad. La subida de los fertilizantes, el cereal, el gasóleo, el agua y la luz, entre otros costes, asfixia a los productores que no ven el incremento en el precio final y que, en el peor de los casos, los aboca al cierre de muchas explotaciones. Sin embargo, al igual que los amantes de las vieiras esperan con ansia el comienzo de la temporada en octubre, son muchos los gastrónomos y adeptos que están impacientes por probar las primeras fabas, pasada la recogida a finales de septiembre. Las fabes gustan. La alubia tiene demanda, y su venta está prácticamente garantizada. Según datos del Gobierno del Principado, la región cuenta con 251 explotaciones inscritas en el Registro General de la Producción Agrícola (REGEPA), que suponen 422,84 hectáreas.

El cultivo de la faba en nuestra región, parte de nuestra cultura, se ha profesionalizado y rejuvenecido pero sin perder el carácter tradicional y el aura familiar. Estamos ante un sector que aún tiene margen de crecimiento por la alta demanda existente y que ha dejado de ser una producción secundaria para hacer de esta legumbre la principal y, en muchos de los casos, única línea de negocio. Los nuevos productores mecanizan el manejo y potencian la parte comercial con la creación de marcas propias que aumentan la diferenciación que supone el sello IGP en el mercado. La mayor parte de los productores amparados por el sello se aglutinan en el occidente asturiano. El concejo de Valdés alberga 37, lo que supone el 23,08% del total, y supera las 31 hectáreas plantadas. Le siguen los términos municipales de Navia, con 13 agricultores y Tineo, con 12,  y cuya superficie abarca los 337.235 metros cuadrados.

En el pueblo de Abres, municipio de Vegadeo, la jornada ha empezado temprano. Toca sallar la planta para que no la apodere de las malas hierbas. Parece que van a caer gotas, se aprovecha al máximo el tiempo que la lluvia les da tregua. El trabajo en el campo es duro pero Rocío Martínez es feliz siendo agricultora. “Desde niña siempre ayudé en casa. El campo es un negocio que conocía y me gustaba, así que decidí quedarme con ello. Me gusta mi trabajo”.

Rocío cogió el relevo de la explotación familiar en 2013, y en 2019 se incorporó a la actividad su pareja, Javier Pérez. Siembra unas seis hectáreas de terreno agrícola, de las que cuatro están dedicadas a la faba con un rendimiento de unas 8 toneladas de alubias amparados por la IGP.

El cultivo de la faba se sigue realizando de forma artesanal. En la mayoría de los casos la siembra, la escarda de malas hierbas, la recolección y la selección del grano se realiza a mano, con la intención de optimizar la calidad del producto.

FabEo

Cuentan con marca propia, FabEo S.C., con la que la pasada campaña comercializó más de una tonelada de producto. Envasa en formatos de kilo y medio kilo para particulares y de 5 y 10 kilos para hostelería, y “ahora tenemos el saco de 25 kilos para el canal Horeca, que se puede vender a tiendas para que las saquen a granel pero si lo hacen, al desprecintar el saco, ya no es faba IGP porque se pierde la trazabilidad”.

En cuanto a la comercialización, “nos deberían ayudar más. Tendríamos que abrirnos a la exportación, es ahí donde creo que está el futuro. Pero abrirnos todos; el pequeño productor, el grande y el mediano”.

Los tiempos difíciles, “pero estamos en época de bonanza y de buen precio. Nos ayuda mucho que no pueda entrar faba de importación pero al subir los costes de producción nos deja otra vez un margen muy pequeño. Volvemos a tres o cuatro años atrás”.

La combinación de una baja natalidad, del envejecimiento y la progresiva desaparición de tejido productivo es un cóctel peligroso. El cóctel se sirve especialmente en zonas rurales. Años de pérdidas de población en beneficio de las áreas urbanas dejan un problema difícil de resolver y, lejos de tender a solucionarse, las perspectivas que manejan organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) apuntan a que irá a peor. Según cifras de la ONU, en 2020 un 43,83% de la población mundial vivía en áreas rurales. Para 2050, estiman que bajará al 31,64%. La ONU muestra que, para variar, este problema de la despoblación rural se ceba más con los países desarrollados. En España, si nada cambia, en 2050 prácticamente solo una de cada diez personas vivirá fuera de ciudades en estos dos países. Pues bien, lejos de estudios y centrándonos en realidades hay un porcentaje, aunque sea pequeño, que da esperanza al medio rural. Personas que apuestan por el sector primario como medio de vida.

Y es que la vuelta a la agricultura ha pasado de ser un sueño utópico para convertirse en una realidad. Cientos de jóvenes apuestan por volver a trabajar en el campo como medio de salvación a la incesante crisis económica que vive el país. Mientras las escuelas universitarias eran hace poco más de un lustro el objetivo de los trabajadores del futuro, ahora, proyectos de campo, de tradición y raíces, se presenta como sustento de vida.

La Barreda

En el núcleo de San Miguel, concejo de Siero, se encuentra Fabes y Hortalizas La Barreda. Hace 4 años, Celia Vallina Blanco, que trabaja en un supermercado, se quedó sin trabajo. Su pareja ya labraba la tierra y “era buscar otro empleo o ayudarlo en la finca”. Fue entonces cuando apostó por la agricultura y “la decisión fue muy buena. Estoy muy contenta”. De hecho, es “un trabajo duro pero eres dueña de tu trabajo y de tu tiempo. Sabes que tienes que ser constante pero tienes la libertad de organizar tu jornada laboral. El trabajo hay que sacarlo, tu decides cómo”.

Hoy, cultivan faba blanca en 10 hectáreas de terreno que complementan con otras 6 de verdina, ambas amparadas por el sello de calidad IGP Faba Asturiana. “Nos inscribimos a la IGP porque decidimos crear nuestra propia marca, La Barreda, y para incorporarse en el mercado hoy en día y poder abalar que vendes un producto asturiano y de calidad es imprescindible la marca de garantía; es un valor añadido”.

Planta a varilla “estrecha y tejemos por arriba, poca gente lo hace”. Supervisa y laborea en todo el proceso productivo hasta el envasado y venta del producto final: “las sembramos, las trabajamos, recogemos la cosecha, las pasamos al secadero y las mallamos. Salvo el escogido que la llevamos a la máquina, lo demás lo hacemos todo nosotros”.

La producción la comercializa entre los mercados de Pola de Siero-martes-, El Berrón-jueves- y La Felguera -sábado-, además de acudir a diferentes ferias. En estos momentos, está trabajando en la página web. “Poco a poco vamos profesionalizándonos y mejorando”.

Variedad Maruxa

En Luanco, concejo de Gozón, se encuentra Adolfo Fernández. Apaga el tractor para hablar con nosotros. No llueve, hay que aprovechar el día. Hace dos años, este ingeniero de Minas dejó su trabajo y se dedica a la agricultura como actividad principal.

Con una superficie de 4,8 hectáreas, es el único productor de Asturias que siembra la variedad Maruxa en ecológico, desarrollada, mediante métodos clásicos de mejora genética, por el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (SERIDA). Se trata de una variedad comercial de judía tipo faba granja asturiana que combina resistencia a las razas locales de antracnosis, resistencia a virus del mosaico común y necrótico de la judía, moderados niveles de resistencia a oídio y hábito de crecimiento determinado; “es no trepadora, no va entutorada”.

Aunque no es amparable por la IGP, pero si regulada por el Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado de Asturias (COPAE), es una raza similar a la faba de granja, y Fernández no quería declinar la idea de producir libre de químicos, “por conciencia. Planté entutorado-faba de granja- en ecológico pero vi que tenía muchos problemas. La producción de alubia en ecológico es muy complicada. Probé con esta variedad y vi que los costes de producción bajaban bastante y se manejaba mucho mejor en ecológico”. Este año, “es el primero que tengo todo plantado de Maruxa. Da menos producción pero es más rentable”. Distribuye el total de la producción a través de un mayorista. La pasada campaña recogió 680 kilos.