Por Gabino Parrondo García, Ingeniero Técnico Forestal de Parrondo Obras y Servicios SL
En Asturias, la sanidad forestal condiciona cada vez más la gestión de las masas de coníferas. La banda marrón del pino, junto a otros hongos defoliadores asociados a las “bandas”, está provocando episodios reiterados de defoliación, pérdida de vigor y reducción de crecimiento en Pinus radiata, hasta el punto de forzar cortas anticipadas en muchas plantaciones. En primaveras húmedas y con temperaturas suaves, el hongo se activa con mayor facilidad y los síntomas se intensifican, por lo que el impacto es más acusado en la zona costera, mientras que en áreas interiores (por ejemplo, en el entorno de Cangas de Narcea) se mantienen, por el momento, masas con mayor estabilidad.
Este contexto obliga a replantear la estrategia de repoblación. La decisión ya no debería basarse solo en la especie “autorizada”, sino en evaluar correctamente las condiciones de cada terreno: tipo de suelo, capacidad de retención de agua en verano, orientación, altitud y régimen nival. Además, es recomendable diversificar para no depender de una sola especie y reducir el riesgo sanitario.
Como respuesta, el Principado ha ampliado el abanico de coníferas autorizadas para repoblación, buscando alternativas con mejor comportamiento sanitario. Ahora bien, conviene subrayar un principio básico: autorizada no significa adecuada en cualquier finca. La idoneidad debe leerse siempre en clave de estación y objetivo productivo, evitando sustituir un monocultivo por otro. Con la experiencia disponible, muchas decisiones se ordenan en torno a dos especies principales.
Por un lado, Pinus pinaster constituye la opción de referencia en estaciones más limitantes: solanas, suelos someros o de baja reserva útil, elevada acidez y menor disponibilidad hídrica estival. Su comportamiento como especie relativamente rústica y su integración en la cadena comercial del pino la convierten en una base técnica sólida. Además, en pinaster conviene afinar el material de reproducción: en Francia (Landas) existe una trayectoria larga de mejora genética y uso de variedades forestales mejoradas, por lo que tiene sentido apostar por planta de procedencia contrastada y mejorada.
Por otro lado, Pinus taeda (conocido en el sector como “pino tea”) representa una alternativa de alto interés productivo cuando la estación ofrece condiciones más favorables: suelos profundos, bien drenados, con buena reserva de agua para el verano y evitando encharcamientos. Como referencia de potencial, en Aquitania/Landas se plantean selviculturas productivas con turnos en el entorno de 25–30 años en buenas estaciones y con manejo adecuado (preparación, control de competencia y fertilización).
A este planteamiento conviene añadir un criterio de prudencia: el riesgo sanitario futuro asociado al nematodo de la madera del pino (Bursaphelenchus xylophilus), cuya amenaza se considera relevante para varias especies de pino, entre ellas Pinus pinaster. Aunque hoy no se haya confirmado su presencia en Asturias, no es recomendable que la sustitución del radiata desemboque en un nuevo monocultivo. En este contexto, Pinus taeda se cita en distintas fuentes técnicas como resistente al nematodo, lo que contribuye a repartir el riesgo.
A partir de estas dos especies “troncales”, el resto de las opciones se sitúan en un plano más condicionado -y, en algunos casos, experimental- por dos factores: adaptación real en condiciones locales y viabilidad comercial. El abeto Douglas (Pseudotsuga menziesii) es el ejemplo paradigmático. Aunque se trata de una especie de elevado potencial en sitios frescos y con buena disponibilidad de agua, en el noroccidente asturiano presenta una implantación compleja. Las experiencias más consistentes se localizan en zonas interiores y en determinadas ubicaciones de los Oscos, Pola de Allande o Grandas de Salime, mientras que en el resto de Asturias su comportamiento más regular se asocia al centro y oriente y a terrenos con condiciones edáficas más favorables.
En cuanto a Cryptomeria japonica y Sequoia sempervirens, su encaje potencial se vincula a ambientes oceánicos húmedos, estaciones abrigadas y suelos con buena disponibilidad de agua, pero su recomendación requiere incorporar explícitamente el parámetro de salida comercial. La incertidumbre sobre la capacidad de absorción industrial local y la falta de referencias productivas a escala relevante aconsejan prudencia: superficies moderadas, enfoque de diversificación y, preferentemente, identificación previa de destino comercial. Los cedros (Cedrus atlantica y C. libani) pueden constituir una herramienta interesante en suelos profundos y bien estructurados, pero son poco tolerantes a suelos pesados y, especialmente, a encharcamientos eventuales, por lo que su uso debe estar muy ligado al diagnóstico edáfico.
Además de la sanidad (banda marrón) y de la estación (suelo y agua), hay un tercer condicionante clave: el binomio altitud–nieve. En términos prácticos, se observan masas productivas de Pinus pinaster desde cotas bajas hasta rangos próximos a 800–850 m, pero el régimen nival y la duración del periodo invernal imponen un límite operativo. A partir de determinados umbrales, la prioridad debe pasar de maximizar crecimiento a asegurar adaptación y estabilidad. En Pinus taeda se percibe un margen altitudinal algo mayor, en experiencias de Landas se citan cotas del entorno de 900–950 m con tolerancia a nieve.
Finalmente, conviene integrar en el planteamiento un componente de prevención de incendios y de ordenación espacial de especies. La normativa autonómica condiciona la presencia de pináceas en proximidad a núcleos rurales, y las bandas de terreno entre 75 y 150 m -frecuentemente antiguas tierras agrarias abandonadas, con perfiles edáficos de mayor calidad- representan una oportunidad para establecer franjas de frondosas. Su función prioritaria sería crear discontinuidad del combustible y conservar la calidad del suelo. En este esquema, la frondosa no se plantea como una apuesta de rentabilidad maderera a corto plazo (en Asturias existen limitaciones reales de mercado), sino como una infraestructura verde de seguridad.
De forma complementaria, además de la franja de seguridad, las frondosas pueden destinarse a las zonas del monte menos accesibles o con desembosque complicado, configurando pequeñas masas de conservación, aunque atendiendo siempre a buenas condiciones de suelo.
En síntesis, la repoblación tras la banda marrón debe basarse en tres ideas: elegir Pinus pinaster y Pinus taeda como eje productivo según estación, diversificar para no sustituir un monocultivo por otro (incluyendo el factor nematodo) y ajustar el diseño a las limitaciones de altitud–nieve. El resto de las coníferas debe plantearse con prudencia y con destino comercial claro. Y, en paralelo, integrar frondosas donde aporten más valor como medida preventiva frente a incendios y como refuerzo de estabilidad del monte.





