La Federación Asturiana de Empresarios (FADE) se reunió ayer en la Oficina Económica y Comercial de Asturias en Madrid a la Administración autonómica, empresas, centros de conocimiento e inversores para analizar el futuro del sector forestal asturiano. La jornada «El nuevo modelo forestal de Asturias: innovación, futuro y oportunidades de inversión» dejó un diagnóstico compartido: Asturias reúne buena parte de lo necesario para desarrollar una industria de la madera de mayor dimensión, y el reto es articular toda la cadena, desde el monte hasta la transformación industrial.
«Cuando hablamos del futuro forestal de Asturias no hablamos solo de política forestal. Hablamos de industria, de empleo y de capacidad para generar actividad económica y valor añadido», señaló la presidenta. Calvo valoró la planificación a largo plazo que supone el nuevo Plan Forestal de Asturias 2027-2041, pero advirtió de que «tan importante como tener un plan es ejecutarlo, medirlo y hacer seguimiento». Si Asturias quiere atraer inversión y nuevas actividades, añadió, necesita procedimientos más ágiles y mayor certidumbre.
La presidenta de FADE insistió en que el recurso tiene que gestionarse y movilizarse, porque «un monte abandonado no es un monte protegido»: aumenta su vulnerabilidad frente a incendios, plagas y enfermedades. Para que esa gestión sea posible, la condición básica es que el monte resulte rentable para sus propietarios y que la cadena de valor funcione desde el primer eslabón. También reclamó atraer a jóvenes y nuevos perfiles que vean el sector como una oportunidad.
«La pregunta es cuánto valor somos capaces de generar en Asturias con cada metro cúbico. Tenemos el recurso, las empresas, el conocimiento, tradición industrial y dos grandes puertos. Tenemos muchas de las piezas; ahora tenemos que conectarlas», concluyó.
Asmadera pide una Administración que inspeccione en lugar de multiplicar los trámites
Uno de los mensajes más claros de la mañana llegó desde Asmadera, la asociación que agrupa a las empresas asturianas de la madera y el mueble. Su presidente, Borja García Quintana, situó la burocracia entre los principales obstáculos para la rentabilidad del sector, especialmente para las empresas pequeñas y familiares que forman la mayor parte del tejido forestal asturiano. Cada nuevo tajo obliga a volver a acreditar permisos y requisitos, una carga que pesa todavía más en un monte de aprovechamientos pequeños como el asturiano.
Frente a ese modelo, García defendió un control basado en la inspección: «Prefiero una Administración que me vigile, que haga inspecciones y que controle que los trabajos están bien hechos», y que quien no cumpla asuma las consecuencias, en lugar de exigir a todas las empresas los mismos trámites en cada actuación. El presidente de Asmadera anunció además que la asociación hará seguimiento de la ejecución del nuevo plan forestal.
García abogó también por diversificar especies ante los problemas sanitarios y el cambio climático, con el pino y las frondosas como alternativas, y puso el castaño como ejemplo de un recurso cuyo principal problema se resuelve con gestión. A su juicio, Asturias tiene crecimientos de madera entre los mejores de Europa, y retirar biomasa del monte no debe verse solo como un gasto para prevenir incendios, sino como una oportunidad de negocio. En esa línea, planteó que la industria se implique más en la gestión forestal para asegurarse un suministro estable.
La jornada había arrancado con la intervención del consejero de Medio Rural y Política Agraria, Marcelino Marcos, que avanzó las líneas del nuevo plan: ordenación forestal, agrupación de propietarios, mejora de accesos, simplificación administrativa y prevención de incendios. El director general de Gestión Forestal, Javier Vigil, y la profesora de la Universidad de Oviedo Asunción Cámara coincidieron en que el bosque asturiano tiene un potencial económico infrautilizado y en la necesidad de atraer empresas de transformación, con la construcción industrializada en madera como posible motor de la demanda.
Las mesas posteriores abordaron la innovación y la biomasa, con la experiencia de Monra Forestal y del Polo Tecnológico y Empresarial de la Biomasa de Asturias; los usos de mayor valor añadido, con la participación de Ence y Hunosa, entre otras empresas; la construcción industrializada en madera, con Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la Asociación para la Gestión Forestal y Edificación con Madera, y la inversión, en una mesa moderada por César Cantalapiedra, socio de AFI, con Amaren Industrial, Foresta Private Equity y Bosque Nature.
Todas ellas coincidieron en un diagnóstico: la madera que necesitará la industria dentro de veinte o treinta años depende de cómo se gestione hoy el monte, y convertir ese recurso en actividad exige planificación, menos cargas administrativas, capital y colaboración entre empresas, propietarios y Administración.






